Pipeto no fue simplemente un perro, fue mi amigo.

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Me enseñó a ser mejor ser humano…

A entender que la ternura y sencillez son claves para vivir auténticamente. Me enseñó a comunicarme sin palabras, a decir te quiero con una mirada. Por ello y mucho más fue un honor cuidar de él, y sé que voy a extrañarle hasta el último día de mi vida.